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En contra esquina a la ventana descrita, hacia el poniente, con un traslape de muros se ofrece una salida al lugar de trabajo. A través de un nicho articulado con una puerta rosa a la holandesa, se llega así al patio de las ollas.

Este es producto de una serie de modificaciones al proyecto original que terminan por separarlo del jardín y del propio taller, cuando eliminó el ventanal de piso a techo en la fachada oriente.

Entre los muros altos y blancos, donde la pátina se ha dejado hacer presente, este pequeño lugar está dedicado a dos habitantes indispensables en la arquitectura del paisaje de Luis Barragán: la vegetación, en su expresión siempre fuerte y dramática como las enredaderas que se descuelgan de los muros y el agua, agua obscura, contenida y arrinconada en un volumen abstracto que se recorta en el piso de lava volcánica. Una nueva puerta rosa, en contraste con los verdes del jardín, continúa detrás y si quisiéramos dejar llevarnos por el juego de sugerencias, el agua también viajaría debajo de la plataforma que ha sido levantada unos centímetros del resto del piso.

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© Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán A. C.