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Tanto en los documentos fotográficos como en las descripciones hechas por el propio arquitecto consta que una primera versión del jardín tuvo extensiones de césped mayores, con un claro más grande frente al salón y, en general, con un carácter mas domesticado.

La decisión de Luis Barragán para permitir un crecimiento con mayor libertad de todo el jardín da como resultado su estado actual: un jardín opulento y semisalvaje, evocador de huertos ancestrales, donde la vegetación ha tomado por vida propia la mayor parte de las decisiones.

A la mitad del desierto urbano que es hoy la ciudad de México, se halla un oasis esencialmente monocromático, o de un sinnúmero de verdes, salvo por el blanco o el naranja que añaden las floraciones de jazmines y clivias. Sobre este color, el verde, sobra decir que nunca sería utilizado en la paleta de Barragán para cubrir muro alguno.

Aunque relativamente limitado en sus dimensiones físicas, la apropiación que el jardín logra visualmente de la vegetación vecina, el jardín de la “Casa Ortega”, consigue una perspectiva densa y profunda.



Fachada al jardín



La serie de ventanas en la fachada poniente presentan correcciones que han sido apenas disimuladas desde el exterior. Estas cicatrices dan a la fachada un aspecto descuidado a la vez que añaden un valor documental para el análisis.

Es claro que en la arquitectura de Luis Barragán las ventanas son pensadas y construidas principalmente desde el interior como resultado de una reflexión más sobre el uso y su relación con el espacio habitado que sobre la consecuencia en la composición final de las fachadas que resultan, a veces, expresiones literales de este hecho. Arquitectura orgánica, se podría decir, si se piensa que verdaderamente ha crecido de adentro hacia fuera.

En el caso de las ventanas del comedor y del desayunador, el paño inferior ha sido elevado unos 25 centímetros, posiblemente como una corrección de la visual desde las mesas.

En la recámara principal la corrección más evidente ha llevado la ventana desde el piso hasta media altura, quedando visibles desde el jardín las hojas de vidrio bloqueadas.

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© Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán A. C.