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La serie de ventanas en la planta baja pueden ser entendidas como maneras distintas de un mismo acto que es la contemplación del jardín.

En el salón, la transición sólo es interrumpida por la cancelería en cruz que es llevada a un extremo no exento de extrañeza. El cristal a partir del suelo permite que el piso de madera se proyecte en su reflejo hasta el jardín y es el mismo que impide que se produzca el tránsito físico. Es sólo la mirada la que transita plenamente por esta puesta en escena, y la comunicación con el exterior se reserva a una pequeña esclusa lateral.

La distinta dimensión de la ventana en el comedor convierte la visión del jardín en un cuadro algo más abstracto. Desde la perspectiva de quien se sienta en unos de los siete lugares a la mesa, logra desprender la vegetación del suelo para añadir un color más en la composición.

En este lugar se hace obligada la referencia a una de las figuras centrales en el desarrollo artístico de Luis Barragán. Se trata de Jesús Reyes Ferreira, ese artista plástico “que más que pintar, embarra”, según su propia descripción, excéntrico coleccionista y esteta de tiempo completo. Aparece en la madurez del arquitecto Barragán como el maestro de gusto certero del que provienen fundamentales lecciones de color y composición.

“Maestro en el difícil arte de saber ver con inocencia”, como diría Barragán, cuya amistad e influencia lo marca en un claro punto de inflexión en el desarrollo de un lenguaje propio. Aunque esta guía tenga que obviar las colecciones de arte de la casa, hay que hacer notar que El Arcángel pintando por Jesús “Chucho” Reyes es uno de los poquísimos óleos de gran formato que hizo en vida y que aquí ocupa un lugar especial en la casa por su íntima relación con la arquitectura.

En el desayunador la ventana se eleva una vez más y ya no tiene una posición frontal franca. El jardín se presenta entonces como una fuga superior de la perspectiva, en un lugar, probablemente el más íntimo de la casa, donde hay que resguardar la mirada entre muros.

En la cocina, amplia y bien iluminada, el jardín aparece sólo al abrir la puerta. Los vidrios translúcidos denotan aquí una jerarquía de ventana muy distinta a las antes descritas.

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© Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán A. C.